Por lo general, los árboles frutales necesitan cierta cantidad de horas de frío anuales para regular su ciclo vegetativo. La acumulación de horas de frío se inicia en el otoño, con la reducción diaria de las horas de sol y la bajada de las temperaturas. Poco a poco, nuestra especie leñosa irá deteniendo su fisiología y metabolismo para entrar en reposo invernal, tras un periodo de acumulación de sustancias de reserva que servirán de base para la floración/brotación del siguiente ciclo biológico.

A excepción  de algunas especies como el aguacate y los cítricos, que no necesitan frío para iniciar su ciclo biológico por ser plantas de climas cálidos, de hecho sufren daños con temperaturas demasiado bajas (especialmente el aguacate), las necesidades de frío de los frutales varían según la especie, incluso variedad.

 

Ya sean especies leñosas como el kiwi o la vid, frutales de pepita como la pera o la manzana, frutales de hueso como el cerezo o el olivo, frutales de cáscara como el almendro o el pistacho, y con independencia de las horas de frío, frutales exóticos como los cítricos y frutales subtropicales como el aguacate, todos ellos iniciarán un nuevo ciclo biológico durante las próximas semanas. Los árboles empezarán a salir de su estado latente y la savia comenzará a moverse, dando paso a la floración o a nuevas brotaciones.

Ahora bien, el calentamiento global y el previsible cambio climático pueden modificar el comportamiento de especies frutales y, años o zonas donde no se acumule frío suficiente, pueden provocar una floración escasa o escalonada, pudiendo observar yemas en estados fenológicos muy diferentes, incluso algunas pueden quedar latentes, sin brotar, llegando a caerse en casos extremos, y no produciéndose por tanto la floración.

 PROCESOS DE FLORACIÓN, POLINIZACIÓN Y CUAJADO DE FRUTOS

Resultan especialmente importantes los procesos de floración, polinización y cuajado de frutos.

  • Aunque la floración suele ser un proceso gradual dentro de la misma planta, su periodo es relativamente corto, ya que las flores se marchitan y caen si no son polinizadas.
  • La climatología es de vital importancia durante la polinización, ya que las bajas temperaturas y las precipitaciones pueden alterar los hábitos de los insectos polinizadores, mermando la actividad de los mismos; o bien dificultar la polinización anemófila disminuyendo la calidad del polen en condiciones de alta humedad. Por otro lado, las altas temperaturas pueden acortar el periodo de polinización efectiva o incluso provocar abortos florales.
  • De igual modo, las posibles heladas o las temperaturas excesivamente altas también pueden provocar daños importantes en los frutos recién cuajados, provocando su pérdida.

Para que tenga lugar la polinización, se debe producir la transferencia de polen desde la antera de la flor al estigma de otra flor (alogamia) o de la misma (autogamia), en caso de flores hermafroditas y autocompatibles. Esta transferencia puede realizarse por el viento (anemófila) o mediante insectos polinizadores (entomófila), dependiendo de la especie frutal. Una vez que el grano de polen alcance el estigma receptivo de una flor, este debe germinar y el tubo polínico ha de recorrer el camino que lleva desde el estigma hasta el interior del saco embrionario, donde se producirá la fecundación dando lugar a la futura semilla y con ella, a la conversión de la flor en fruto.

Tras la polinización se produce el cuajado. La influencia de las semillas en el crecimiento de los frutos esta regulada por hormonas, principalmente auxinas, giberelinas y citoquininas, cuyos niveles van disminuyendo a medida que las semillas van madurando.

 

Conviene aclarar que algunas especies frutales, como los cítricos, pueden desarrollar frutos sin que las flores se hayan polinizado y fecundado previamente. Esta fructificación, conocida como partenocárpica, produce frutos que se caracterizan por la ausencia de semillas. Los frutos partenocárpicos contienen auxinas y citoquininas en concentraciones inferiores a los frutos con semilla de la misma especie, y las giberelinas prácticamente se encuentran ausentes. Son más susceptibles a las caídas naturales y, para

obtener un nivel adecuado de producción, es indispensable mantener las plantas en óptimo estado nutricional. En algunos casos, esta partenocarpia se produce de manera inducida mediante la aplicación de giberelinas que inducen un incremento en el contenido de auxinas endógenas en el ovario de una flor no polinizada y provocar también el crecimiento de frutos en ausencia de fecundación.

ESTADO NUTRICIONAL Y SANITARIO DEL ÁRBOL

El estado nutricional y sanitario del árbol  influye en todos estos procesos. La ausencia de un plan de abonado postcosecha tras la campaña anterior, puede afectar negativamente a la floración. No restituir ciertos nutrientes tras el periodo productivo del frutal tiene influencia directa sobre la acumulación de sustancias de reserva en los distintos órganos del árbol. Y es que estas sustancias de reserva serán la única fuente de suministros durante la salida del reposo invernal del cultivo, hasta que una vez desarrollados los primeros órganos vegetativos, y de manera lenta y gradual, sea la fotosíntesis quien aporte los nutrientes necesarios para el normal funcionamiento fisiológico y metabólico de nuestra especie frutal. En general, las técnicas de cultivo que favorecen el crecimiento y el desarrollo de las flores o limitan la competencia entre las mismas (poda, control sanitario, riego precoz, buena nutrición, etc.), promueven la capacidad fructífera de las flores.

 

Centrándonos en el aspecto nutricional, la correcta aplicación de fertilizantes antes y durante la floración y durante el cuajado de frutos es esencial para mantener un número adecuado de frutos por árbol.

A nivel de macronutrientes, el nitrógeno (su aplicación debería hacerse durante la postcosecha) juega un papel fundamental, aumentando la longevidad de los óvulos y, por tanto, incrementando el periodo de polinización efectiva; el calcio, por otro lado, influye positivamente en la germinación del grano de polen, de manera que en la medida en que la germinación se produzca normalmente, más rápido se iniciará el crecimiento del tubo polínico.

 

Los microelementos juegan un papel esencial en la floración. Entre ellos, y por su nivel de consumo, los más importantes son el boro, el zinc y el manganeso. Están relacionados con la floración, el cuajado y el número de frutos, y su insuficiencia en la planta causa desórdenes fisiológicos y reduce el número de frutos por árbol.

 

El boro es fundamental en los principales procesos fisiológicos de la planta como son la división y el crecimiento celular. Pero, además, este micronutriente desempeña un papel clave en  la polinización y cuajado de los frutos. En estas etapas, el boro aumenta la viabilidad de los granos de polen. También participa en el transporte de azúcares, carbohidratos y potasio, en el metabolismo del nitrógeno, en la formación de proteínas y en la regulación de los niveles de hormonas. Entre los síntomas de la deficiencia de boro se encuentran la inhibición en el crecimiento y desarrollo radicular, el cese de la división celular en los tallos y en las hojas jóvenes, entrenudos cortos, brotes secos, deformaciones, y por supuesto, baja viabilidad del polen y aborto y caída de flores. Su déficit puede repercutir negativamente en gran variedad de cultivos, provocando yemas triples en los cítricos, con frutos pequeños, formación de goma y momificados; corrimiento de la flor en el viñedo, muerte gradual en los puntos de crecimiento apical, ramas y meristemos apicales secos en el olivo, etc.

 

El zinc interviene directamente en la síntesis de algunos aminoácidos, aunque su función más relevante en las plantas es la activación de numerosas enzimas, destacando la síntesis de auxinas. Participa, por tanto, en la producción de reguladores de crecimiento responsables de la elongación del entrenudo y desarrollo de cloroplastos. También es utilizado por la planta para la formación de clorofilas y algunos carbohidratos y mejora la resistencia frente a bajas temperaturas. Su deficiencia reduce significativamente el crecimiento y el potencial productivo.

 

El manganeso está relacionado con la fotosíntesis, el uso eficiente del nitrógeno, el metabolismo de proteínas y la activación enzimática. Actúa sobre el metabolismo de carbohidratos y ácidos grasos, reacciones de fosforilación y formación de ácidos nucleicos (AND y ARN), además de intervenir en la fotólisis del agua en la fotosíntesis, así como en la síntesis de sacarosa en la planta y en la formación de proteínas. Tiene influencia en los procesos de germinación del polen, crecimiento del tubo polínico y alargamiento celular, además de potenciar la resistencia de la planta frente a estreses bióticos. Deficiencias severas y persistentes de manganeso reducen el crecimiento y la productividad.

 

En Cultifort disponemos de un amplio catálogo de correctores de carencias enfocados a cubrir las necesidades nutricionales descritas para los procesos de floración y cuajado en frutales:

 

Cultifort Calcio, es un fertilizante líquido con alto contenido en calcio en forma de lignosulfonato, en combinación con materia orgánica y carbohidratos, lo que le confiere un alto poder de penetración y facilidad de asimilación por la planta.

 

Cultiboro Plus, es una formulación líquida y ecológica de boro complejado con monoetanolamina que contiene azúcares reductores, formando un complejo para mejorar su asimilación y transporte por la planta. Además, está exento de cloro.

 

Manzifort, es una formulación líquida de elevada riqueza en zinc y manganeso quelatados con EDTA, ácidos policarboxílicos y azúcares reductores, estando también certificado para su uso en agricultura ecológica. Facilidad de aplicación, rapidez de acción y eficacia, son las principales características conseguidas con este corrector simultáneo de zinc y manganeso, ya que son carencias que suelen estar asociadas en muchos cultivos, siendo conveniente controlarlas conjuntamente.

 

En Cultifort también somos fabricantes de una amplia gama de bioestimulantes. El uso de bioestimulantes en agricultura tiene beneficios directos. Sirven para gestionar mejor situaciones extremas y alcanzar la excelencia del cultivo. Son cada día más valorados y utilizados para proteger y rentabilizar la producción en situaciones de estrés o para ayudar al cultivo en momentos críticos de su desarrollo.

 

Los frutales tienen otras necesidades complementarias e iguales de importantes a las de los fertilizantes. Es aquí donde entran en juego los bioestimulantes. Su efecto repercute de forma positiva en el rendimiento y calidad de la cosecha así como en la “resiliencia” del árbol sometido a distintos tipos de estrés, aportando la capacidad de resistencia y recuperación a situaciones límite. Además, en fases fenológicas determinadas como por ejemplo la floración, el cuajado, el engorde de frutos o su maduración, las plantas pueden tener un aumento significativo de necesidades. Es, en estos estados, cuando hay que actuar para cubrir los requerimientos metabólicos con ayuda de los bioestimulantes.

 

En el caso que nos ocupa, la floración y el cuajado de frutos, BVC 2021 sería el bioestimulante recomendado. Se trata de un activador metabólico de la planta incluso en condiciones adversas (temperatura, iluminación, viento, etc.), a base de aminoácidos y algas en emulsión, conteniendo también nitrógeno, potasio y azúcares reductores. Incrementa la tasa de fotosíntesis, mejora la asimilación y traslocación de nutrientes, aumenta la síntesis de aminoácidos, péptidos y proteínas. Promueve el inicio de la actividad fisiológica de la planta y ejerce un control multifactorial en la floración. Y ahora su formula se ha mejorado mediante la Biotecnología Activadora CULTITEK, reforzando aún más su efecto sobre la biosíntesis de clorofila y la actividad fotosintética.

 

Y para aquellas especies frutales caducifolias o bien frutales con problemas de floración, Foliquino es nuestro bioestimulante estrella. Se trata de un bioestimulante rico en energía que gracias a su formulación con ácidos orgánicos, hacen que sea asimilable tanto por hojas, como por ramas o partes leñosas y por el sistema radicular. Su funcionamiento se basa en la potente acción sistémica del lignosulfonato de aluminio, cuya movilidad, tanto ascendente como descendente dentro de la planta, ayuda a equilibrar la parte aérea y el sistema radicular, mejorando la brotación de yemas latentes y, por tanto, consiguiendo una floración de mayor cantidad y calidad. Producto certificado para su uso en agricultura ecológica.

 

La asociación de BVC 2021 con Foliquino, aporta una sinergia notable. Mejora el rendimiento del producto como estimulante y contra los problemas para los que está indicado.