El almendro es un cultivo típicamente mediterráneo, adaptándose a condiciones edafoclimáticas muy diversas. Es capaz de soportar las elevadas temperaturas durante el verano y los intensos fríos invernales. Puede sobrevivir a largos periodos de sequía y ser cultivado en terrenos muy pobres. No obstante, todas estas circunstancias afectarán negativamente a sus niveles productivos, siendo estos tanto mayores, cuanto mejores sean las condiciones medioambientales.

En los últimos años el cultivo del almendro está experimentado un cambio muy significativo. El buen escenario del mercado de la almendra y la necesidad de cultivos alternativos, está propiciando el establecimiento de nuevas plantaciones de almendro bajo buenas condiciones y, generalmente, en zonas no tradicionales para este cultivo. Todo ello, motivado, en parte, por la creación de nuevos sistemas productivos, el desarrollo de nuevas variedades, encaminadas a la mejora productiva y adaptativa en diferentes zonas, y por los avances biotecnológicos en el desarrollo de estimuladores del crecimiento para aumentar los rendimientos del cultivo.

Uno de los estados fenológicos más sensibles para el almendro es la floración. El almendro es una de los frutales con una floración más temprana, aunque con diferencias significativas en función de la variedad. El uso de bioestimulantes durante la floración del almendro es una herramienta fundamental, pues la aplicación de fuentes energía exógenas aseguran el buen desarrollo de la floración y la buena calidad del polen. Para conocer más sobre este tema, te recomendamos leer nuestro Cultinews “El almendro: exigencias de cultivo, material vegetal y nutrición”.

Los frutos recién cuajados son los órganos más sensibles a las heladas, seguidos de las flores y yemas hinchadas. Estos órganos pueden verse dañados con temperaturas ligeramente inferiores a los 0 ºC. Así pues, en zonas con riesgo de heladas habrá que poner especial cuidado en escoger variedades de floración tardía (Arquero, 2013). Por otro lado, las altas temperaturas pueden provocar un grave perjuicio para las plantas. Por encima de los 35 ºC la actividad fotosintética se ve seriamente reducida, entrando los árboles (sobre todo cuando están en condiciones de secano) en lo que se conoce como parada vegetativa estival. Temperaturas más elevadas, por encima de los 40 ºC, pueden provocar la deshidratación, necrosis y caída de hojas, daños al fruto y quemaduras de la madera.

Por todo ello, el cuajado, desarrollo y engorde del fruto, pueden considerarse como otros de los estados fenológicos más importantes del almendro. Esto ocurre aproximadamente entre los meses de marzo a junio. Los granos de almendra crecen y maduran, con la cáscara endureciéndose a su alrededor, ambos protegidos por otra cáscara exterior protectora más blanda.

Una vez que cesan las lluvias de primavera y comienzan a elevarse las temperaturas en verano, se establecen programas de riego (según el caso) para apoyar el crecimiento, siempre buscando la eficiencia en el uso del agua de forma responsable. La disponibilidad de los nutrientes y el agua son esenciales para la evolución de las almendras en este último periodo.

 

En verano el fruto abre su corteza exterior que la protege durante los meses productivos, ello indica que está en estado óptimo de maduración y que ha llegado la hora de la cosecha.

Tras la recolección, el producto debe ser acondicionado, limpiando la cosecha de materiales extraños, retirando sus cáscaras para obtener el fruto y calibrando por tamaños las almendras peladas.

Desde el departamento técnico de Cultifort recomendamos, como norma general, tener una buena base de fertilización basada en un plan de abonado acorde con las necesidades concretas de la planta y con su nivel productivo potencial. A nivel particular y para el caso que aquí nos ocupa, el desarrollo y engorde del fruto, disponemos de distintas formulaciones especialmente desarrolladas para estos estados fenológicos.

Por un lado, recomendamos la utilización de Aminoplex Calcio, una formulación líquida de calcio con aminoácidos para facilitar su asimilación y traslocación por la planta. Sus efectos sobre la almendra son:

  • Mejora general del crecimiento de distintos órganos vegetales.
  • Aumento de la integridad y consistencia de las membranas celulares.
  • Mayor engorde del fruto, lo que ayudará a poder defender mejor los precios de comercialización.
  • Mejora de la productividad por unidad de superficie.

También recomendamos la aplicación de Cultineutral K, formulación líquida de potasio de alta riqueza, junto con ácidos policarboxílicos, de pH neutro y exenta de cloruros. Esta especialmente diseñada para:

  • Favorecer el proceso de engorde y maduración de frutos.
  • Incrementar su tamaño y uniformidad.
  • Aumentar la síntesis y acumulación de azúcares.

 Ambos productos deben aplicarse desde el inicio de brotación hasta el endurecimiento del hueso, con una frecuencia de aplicación de 15-20 días y con 2-3 aplicaciones por campaña.