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El otoño avanza, los días se acortan, las temperaturas bajan y, como consecuencia, muchos cultivos leñosos o frutales, entre ellos la vid, se defolian, dando así por terminada su fase de acumulación de sustancias de reservas y comenzando un periodo de parada vegetativa o reposo invernal. Es la hora de la poda.

Podemos definir la poda de la vid como la operación que comprende los distintos cortes y supresiones que se ejecutan en sarmientos, brazos y partes herbáceas (pámpanos, hojas, racimos, etc.), que se llevan a cabo algunos o todos los años.

De esta definición podemos extraer que existen diferentes tipos de poda. Por un lado tenemos aquella que se ejecuta sobre las partes leñosas de la planta (sarmientos y brazos), denominada poda en seco, y por otro lado la que se ejecuta sobre las partes herbáceas (pámpanos, hojas, racimos, etc.), denominada poda u operaciones en verde.

En nuestro caso y debido a la época en que nos encontramos, vamos a tratar el primer tipo de poda descrito, la poda en seco.

Para ello, contamos con Jesús Yuste Bombín, reconocido experto en viticultura y enología no solo a nivel nacional sino también internacional, que va a tratar de aclararnos una serie de cuestiones acerca de la poda de la vid.

Jesús Yuste es Ingeniero Agrónomo (1988), Master en Viticultura y Enología (1989) y Doctor Ingeniero Agrónomo (1995), por la Universidad Politécnica de Madrid; Investigador en Viticultura, desde 1990, en el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACyL); Profesor colaborador en diversas universidades: Politécnica de Madrid, Valladolid, Europea Miguel de Cervantes, La Rioja, León, Montpellier. Ha realizado estancias a nivel internacional, en CSIRO – División de Horticultura-, Adelaida (Australia), en 1996-1997, y en la Universidad de California -Departamento de Viticultura y Enología-, Davis (USA), en 1999. A lo largo de su trayectoria profesional ha realizado más de 200 publicaciones científico-técnicas no solo a nivel nacional sino también en revistas de impacto internacionales; director de numerosos trabajos fin de carrera, tesis doctorales y becas de investigación; son incontables sus asistencias a congresos y jornadas sobre Viticultura y Enología, siendo autor de más de 250 comunicaciones a congresos y reuniones científicas, además de ser autor, coautor y colaborador de varios capítulos de libros sobre viticultura (poda, riego, selección clonal, variedades, etc.).

Desde Cultifort queremos darle las gracias por aceptar nuestra invitación y esperamos poder contar con él en otras ocasiones. ¡MUCHAS GRACIAS!

1. Empecemos con la pregunta más obvia. ¿Qué objetivos se persiguen con la poda?

 Los objetivos básicos perseguidos con la poda son:

  • Formar y mantener la cepa en una forma que facilite el cultivo del viñedo.
  • Seleccionar nudos y yemas que produzcan pámpanos adecuadamente fértiles.
  • Regular el número de pámpanos y el número y el tamaño de los racimos.
  • Regular el crecimiento vegetativo.
  • Producir uva de la calidad deseada.

2. Por lo tanto, dentro de la poda en seco, podemos hacer distintas clasificaciones de la poda.

En función de la fase de vida de la cepa y de los objetivos productivos, se pueden establecer distintas clasificaciones de poda. En cuanto a la fase de vida, por orden cronológico, hay Poda de Formación, Poda de mantenimiento, Poda de Rejuvenecimiento y, puede haber, Poda de transformación (de un sistema de conducción a otro). En cuanto al criterio productivo, se pueden establecer básicamente la Poda corta y la Poda larga, dependiendo del tipo de elemento fructífero que se respete en la poda, pulgares en la corta y varas en la larga, asumiendo que en la mayoría de casos la poda larga suele ser poda mixta, por incluir pulgares además de las varas que le otorgan el carácter de poda larga.

3. El conocimiento de los distintos tipos de yemas y su fertilidad es esencial para determinar la carga de poda. ¿Podrías hablarnos brevemente sobre ello?

Existe una diferencia cualitativa entre los tipos de yemas debido a la fertilidad diferencial de las mismas a lo largo de los sarmientos, que debe ser tenida en cuenta  al ejecutar la operación de poda en seco de cada cepa. Las yemas más fértiles son las que ocupan la mitad del sarmiento, decreciendo la fertilidad en dirección a la base y a la parte apical, debido al momento y a las condiciones en que transcurrieron los procesos de iniciación floral de cada una de las yemas del pámpano, de manera que en general las yemas más fértiles se sitúan entre el quinto y el noveno nudo. Al margen de esta apreciación, existen variedades que requieren distinto tipo de poda debido a la escasa fertilidad de las yemas de los primeros rangos del sarmiento, como ocurre con las variedades Verdejo y Prieto Picudo.

Conviene aclarar que las yemas basilares o casqueras no suelen contener racimos, excepto la más importante y abultada, la ciega, que suele llevar uno. Hay algunas variedades en que algunas de esas yemas casqueras, situadas en madera vieja, ofrecen una fertilidad más acusada, especialmente cuando el año anterior las condiciones de clima reinante fueron favorables durante las fases de crecimiento y constitución de las reservas, que son los periodos donde se forman y perfeccionan los racimillos en los conos vegetativos.

Es, pues, esencial el conocimiento de la fertilidad de las yemas y su situación, para cada variedad o clase de vid que se trate podar.

Solo el número de yemas regularmente fructíferas respetado en la poda constituirá lo que entendemos por carga. Las demás, con escasa o nula fertilidad, se consideran fuera de carga, aunque en ciertos casos puedan contribuir a la producción y, desde luego, servir para otras finalidades, como el rejuvenecimiento de un brazo o de una cepa entera.

4. ¿Qué relación existe entre la producción de una cepa y su actividad vegetativa? Dicho de otro modo, ¿existe algún equilibrio entre el vigor de una cepa y su potencial productivo?

 La actividad vegetativa soporta la capacidad productiva de la cepa, por lo que debe procurarse un equilibrio entre el vigor de la cepa y la producción de uva pretendida. Una vez que la cepa ha alcanzado una forma y una estructura determinadas, dicho equilibrio se alcanzará ajustando el número y la posición de las yemas durante las operaciones de poda cada año. Aumentando el número de yemas por cepa se obtendrá un mayor número de pámpanos y de racimos, y se reducirá su vigor, pudiendo derivar en problemas de maduración de fruto si la cepa está sobrecargada y debilitamiento de los sarmientos en años posteriores. Reduciendo el número de yemas por cepa se obtendrán menos pámpanos, pero de excesivo vigor, con pérdida potencial de cosecha y posibles inconvenientes de sombreamiento y por lo tanto de reducción de calidad de la uva.

5. La actividad vegetativa o vigor de un brote o pámpano, ¿de qué depende?

El crecimiento o vigor de un brote, denominado pámpano mientras mantenga su aspecto verde (hasta que agosta y pasa a ser llamado sarmiento), depende:

a) de su posición en el pulgar o la vara, es decir, del rango del sarmiento en que esté ubicada la yema que lo genera, de modo similar a la fertilidad potencial (derivada del grado de diferenciación de la propia yema), de manera que dicho potencial de vigor aumenta hasta la zona media del sarmiento (6º a 10º nudo), decreciendo posteriormente en los siguientes nudos, de la parte más apical del sarmiento.

Si la poda se hace corta, solamente con pulgares (o sea, un par de yemas retenidas), no haría falta tener en cuenta este aspecto, pues apenas hay diferencia entre dichas yemas, mientras que si la poda se hace en varas, habría que considerarlo, para decidir hasta qué rango se quieren retener las yemas. En dicha poda larga, hay que considerar que la brotación de las yemas de rango inferior puede verse reducida en la medida en que se retengan más yemas.

b) de su dirección, de modo que los más próximos a la vertical son los que crecen más favorecidos. El arqueamiento o curvado del sarmiento puede ayudar a favorecer la brotación y el desarrollo vegetativo de las yemas situadas en la propia curva (más verticales), que normalmente serían las de mayor fertilidad potencial.

6. La producción de una cepa, ¿crece proporcionalmente al número de racimos que lleve?

La producción de una cepa depende del número y el tipo de yemas retenidas en la poda. La producción final de uva dependerá del tamaño de los racimos, que dependerá, a su vez, del número de ellos en el conjunto de la cepa. Es decir, la cepa tiende a equilibrar su desarrollo productivo de forma proporcional a la carga de cosecha de partida, hasta cierto umbral, en función de la capacidad vegetativa individual de la cepa, que en último término se ve afectada por las condiciones climáticas y de cultivo anuales. Dicho de otro modo, aunque la producción de una cepa crece en proporción al número de racimos que lleve, no lo hace de un modo ilimitado, puesto que no podrá pasar de la producción correspondiente a las reservas que la planta disponga.

7. La poda de una cepa debe estar en armonía con la clase de vid que se explota, es decir, no es lo mismo podar un parral de uva de mesa que una explotación de uva para vinificación. Pero, ¿difiere la poda en función de la variedad?

La poda en seco debe realizarse en función de la variedad vinífera, dado que la fertilidad de las yemas tiene un componente altamente genético, de manera que hay variedades, suficientemente fértiles, como Tempranillo ó Airén, que sólo necesitan poda cota, mientras que hay otras variedades, menos fértiles, como Prieto Picudo o Verdejo, que precisan poda larga o mixta.

Por otro lado, pretender obtener altas producciones con variedades de gran potencial cualitativo (mayor calidad), no es recomendable puesto que conllevará una disminución de ese potencial cualitativo y un debilitamiento general de la cepa. Del mismo modo, restringir el potencial productivo en variedades con esa cualidad, buscando un incremento de la calidad de la cosecha, revertirá más bien en un aumento del vigor (madera). Las acciones posteriores para corregir dicho extremo, implicarán un aumento de los costes del cultivo.

8. Una vez llegados a este punto, nos queda una de las cuestiones más importantes. ¿Cómo debemos ejecutar los cortes?

Los cortes de poda deben realizarse con la menor sección posible, para evitar heridas grandes, intentando dar una pequeña inclinación hacia el lado contrario a la yema inmediata cuando el pulgar tenga una posición vertical. El corte de poda no debe apurarse respecto a la yema inmediata, respetando una altura mínima de 4-5 mm. De forma gráfica, los cortes de poda deben hacerse como muestran las figuras 1 y 2 (“cortes correctos”). Al margen de ello, no se debe incurrir en una renovación anual innecesaria de pulgares, sobre todo en los sistemas de conducción con cordones permanentes, para evitar el envejecimiento prematuro de los brazos y de la cepa en general.

9. En el caso de podas cortas o podas largas, ¿cómo saber qué pulgar elegir o qué vara dejar?

En la poda corta, para dejar un pulgar, debe escogerse el sarmiento más cercano a la base, para evitar alargamientos excesivos, sin obsesionarse por elegir chupones ni sarmientos de la corona que estén mal ubicados, excepto en situaciones de renovación necesaria de pulgares por accidente o alargamiento excesivo.

En el caso de poda mixta (habitualmente considerada larga), debe dejarse la vara elegida por encima del pulgar de renovación, para evitar la creación de una corriente de cortes secos sobre el mismo que deterioran la madera de la cepa y facilitan la aparición de problemas sanitarios en la misma.

10. ¿Qué consideraciones debemos tener a la hora de elegir un sarmiento para podarlo como un pulgar o como una vara?

La elección depende del sistema de conducción y poda adoptado. Dentro de él, se hará de modo que mantenga la forma con las menores desviaciones posibles. Se deben tener en cuenta una serie de consideraciones:

  • Porte de la vinífera: con variedades de porte erguido, se buscarán aquellos que tiendan a abrir más o menos la cepa, en consonancia con el clima; en los portes achaparrados, se buscará los que la levanten.
  • En climas de veranos secos y calurosos se procurará cerrar o recoger la disposición general para evitar accidentes.
  • Donde los veranos sean más bien frescos y húmedos, se tenderá a extender la vegetación.
  • No utilizar chupones, salvo en casos excepcionales: heladas, modificaciones por vejez, etc.
  • Seleccionar los sarmientos de vigor individual medio.
  • Fijarse en el arranque del nuevo pulgar, a fin de que tenga un origen o emplazamiento firme.
  • Procurar que todos los brazos lleven pulgares de semejante grosor.
  • Si se hubiera dejado en algún brazo una vara o saca, por permitirlo el vigor de la cepa y brazo respectivo, procurar no reincidir otro año tal extremo en el mismo brazo.
  • Salvo en casos excepcionales, deberá elegirse el más cercano por su inserción al brazo correspondiente, con el fin de no producir heridas o lesiones por debajo del pulgar.

 En resumen, la elección del sarmiento para dejarlo como pulgar o como vara, debe responder a la conjugación de diversos criterios: ubicación en el brazo (pulgar) o la cabeza (vara) de la cepa, vigor individual, posibilidad de renovación futura, nivel productivo deseado, etc.

11. Y a la hora de hacer cortes sobre madera más vieja, ¿qué consideraciones debemos tener en cuenta?

 Los cortes sobre madera vieja, de más de un año, deben minimizarse, de manera que se pueda preservar al máximo la sanidad de la cepa, pues se debe tener en cuenta, en general, que los cortes de poda son la causa fundamental del envejecimiento de la cepa y la vía principal de contaminación de enfermedades de la misma. En las situaciones de necesaria renovación, los cortes deben realizarse de manera que se permita su rebaje en años sucesivos (1 à 2), sin apurar demasiado los cortes en que la desecación pueda comprometer la vida de la parte respetada (3 à 4), es decir, hay que evitar los cortes ajustados, dejando un trozo de madera de protección suficientemente grande para que la desecación posterior inevitable no afecte a la vascularización del brazo o del tronco, asumiendo que en años posteriores haya que retirar la madera seca que se produce por efecto del corte de poda de renovación.

12. Una vez tenemos podadas nuestras cepas, ¿es conveniente realizar algún tipo de tratamiento sobre los cortes realizados? ¿Y en las herramientas de poda?

Es muy conveniente realizar la poda en tiempo seco, tratando de evitar los días previos y los posteriores a la lluvia. En todo caso, tras la ejecución de los cortes de poda es conveniente la aplicación de algún tipo de sellante, que puede llevar incorporadas materias fungicidas, para tratar de reducir el riesgo de infección a través de los propios cortes de poda. En este mismo sentido, la desinfección periódica de las herramientas de poda es muy aconsejable, con alcohol, lejía, etc…, sobre todo en viñedos en que se aprecien focos de infección por hongos de madera, para evitar el contagio y la dispersión de dichas enfermedades de madera en el viñedo, en los cuales se debería llevar a cabo, separada y previamente, la poda de aquellas cepas que hayan presentado síntomas de enfermedad, retirando los restos de poda de las mismas del propio viñedo lo antes posible.

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